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Olimpiadas de Física 2026

hace 3 días
2 min de lectura

Una mirada desde el aula: abrir nuevas oportunidades a nuestros estudiantes

Por Juan Francisco Vega, profesor de Física del Colegio Curimón El pasado 1 de octubre, tuvimos la oportunidad de participar junto a nuestros estudiantes en la Olimpiada de Física de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, en Curauma. Sin embargo, llegar hasta allí no fue algo sencillo.


Conseguir un cupo para esta instancia regional significó asumir un desafío que iba más allá de lo académico. Fue necesario demostrar que nuestro colegio estaba preparado para medirse con establecimientos de gran trayectoria, que año tras año compiten por alcanzar un lugar en la instancia nacional, con la posibilidad de llegar incluso a representar a Chile en una competencia iberoamericana.


Sabía que no sería fácil, pero también sabía que las oportunidades no siempre llegan por sí solas; muchas veces, hay que atreverse a buscarlas y demostrar que nuestros estudiantes también merecen estar ahí.


Porque el talento no pertenece exclusivamente a los colegios más grandes o reconocidos. También está presente en nuestras aulas, en nuestros estudiantes y en cada joven que descubre que es capaz de llegar mucho más lejos de lo que alguna vez imaginó.


Por eso, esta experiencia tiene un significado especial para mí. No se trata solamente de participar en una competencia de alto nivel académico, sino de abrir puertas, derribar barreras y permitir que nuestros estudiantes se enfrenten a nuevos desafíos, descubran sus capacidades y se atrevan a soñar en grande.


Educar también es eso: creer en nuestros estudiantes, incluso antes de que ellos mismos descubran todo lo que son capaces de lograr.


Hoy me quedo con el orgullo de haber dado este paso, con la satisfacción de haber representado a nuestro colegio en una instancia de este nivel y, sobre todo, con la convicción de que vale la pena luchar por nuevas oportunidades para nuestros estudiantes.


Porque quizás no todos lleguen a ser físicos, pero si conseguimos que alguno de ellos vuelva a mirar el cielo, la naturaleza o el mundo que lo rodea y se pregunte «¿por qué?», entonces ya habremos logrado algo extraordinario.


Y es que, al final, la ciencia comienza con una pregunta, pero las grandes oportunidades comienzan cuando alguien se atreve a creer que sí es posible.


 
 
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