Historia

El Colegio Curimón fue fundado sobre los pilares de la voluntad, la generosidad y la fe. Hace 20 años, un grupo de personas que deseaban mantener la familia unida, ya que las funciones profesionales de los padres debían cumplirlas en el valle de Aconcagua y las madres debían partir con sus hijos a Santiago, para su formación educacional, se unieron y perseveraron por tener un colegio de buena enseñanza.

Todos trabajaron en pro de este objetivo, sin embargo no lo conseguían, hasta que se encomendaron a la Virgen de los Rayos, aparecida en 1830 en Francia, confiándole a la novicia Catalina Labouré que acuñara una medalla como recordatorio de su aparición y que quienes la llevaran con amor obtuvieran por su mediación, el milagro solicitado.

Se superaron los impedimentos, compraron el terreno y comenzó la construcción. El primer año escolar del Colegio Curimón fue en 1999, con cursos del kindergarten a 2do. Año Básico, y cada año se iban sumando 2 cursos hasta tener en el día de hoy desde Prekinder hasta 4to. Año Medio, contando 320 alumnos.

Misión

“La misión del Colegio Curimón es formar personas íntegras con profunda fe católica, que mediante la excelencia académica, alcancen el pleno desarrollo de sus capacidades, poniéndolas al servicio de la familia y de la sociedad.”

Virgen de los Rayos

Historia de una promesa           

Hace 186 años, en 1830, La Santísima Virgen María se apareció a Santa Catalina Labouré, novicia Francesa de 24 años en su convento de París. Se mostró con los brazos abiertos, con brillantes y hermosos rayos que salían de sus manos. Le dijo que ellos eran todas las  gracias que Ella tenía guardadas, esperando para darlas a quienes se las pidieran.  Le mando también que se acuñara una medalla como recordatorio de su aparición, para que aquellos que la llevaran con amor obtuvieran por su mediación, si era la voluntad del Señor, el milagro que solicitaran. Desde esa época, la devoción a la Virgen de los Rayos (o de la Medalla Milagrosa) se ha extendido por el mundo entero, llevando consuelo y ayuda a quienes la han pedido con fe sincera.

Hace poco más de 10 años, acá en San Felipe, hubo un grupo de papás que buscaban afanosamente encontrar para sus hijos e hijas una educación de excelencia, que diera énfasis a todas las disciplinas académicas, además de transmitirles todos los valores cristianos y ayudarlos a crecer en la fe. Se reunieron innumerables veces, acudieron a muchas personas buscando apoyo y financiamiento para la idea, aparte de conversar con la Fundación Barnechea, entidad con más de 20 años de experiencia en la educación, para lograr su asesoría. 18 matrimonios se entusiasmaron con el proyecto y empezaron a trabajarlo para hacerlo realidad. Pero eran pocos y se necesitaban muchos niños y capital propio para poder comenzar, luego de muchas puertas cerradas y desilusiones, parecí que toda la idea no pasaría de ser un sueño. Entonces una mamá del grupo propuso poner el futuro del Colegio al amparo de Nuestra Señora de los Rayos, y pidió a todos que se encomendaran a ella. Otro de los matrimonios, en secreto, prometió a la virgen levantar su imagen si ella hacía el milagro. Pero a pesar de todas las oraciones parecía que la empresa era imposible. Poco a poco el desánimo se fue apoderando de todos y muchos comenzaron a pensar ya en otros colegios para sus niños.

Entonces, con todo perdido, no cuesta imaginarse el rostro amoroso de María, mirando dulcemente a Jesús y diciéndole: “…Hijo, no tienen un Colegio como ellos sueñan…” y el Señor mirando con infinito amor que nada puede negar… Dos maravillosas abuelitas de alumnos de este Colegio creyeron en el proyecto y pusieron lo que faltaba para poder comenzar: una el terreno, aceptando que se lo pagáramos en 7 años pero poniéndolo a nombre de la sociedad y otra prestó el capital, a un costo muy bajo para el Colegio: los cinco panes y dos peces que faltaban para Jesús hiciera el resto.

La historia que sigue casi todos la conoce. Lo que un día fue un sueño ya lleva 15 años siendo una realidad, que poco a poco se ha ido consolidando y ha sido un motor que ha permitido mejorar también a los demás colegios de la zona. Sabemos que aún queda mucho por hacer y que no hemos estado ni estaremos exentos de problemas y traspiés: toda obra buena requiere de trabajo y perseverancia y no se construye sin esfuerzo. Los necesitamos a todos ustedes, alumnos, papás, profesores y personal. Necesitamos su confianza, cariño e infinita paciencia ara que finalmente, siempre con la ayuda invaluable de María Santísima y Jesús, logremos tener el Colegio que todos soñamos para nuestros hijos.

Francisco Manríquez y María Luisa Cifuentes
(Parte del grupo de matrimonio gestores)